jueves, 4 de diciembre de 2008

Cambio absoluto

Es obvio cómo y por qué la política gubernamental no pretende cruzarse con la de las multinacionales, mientras se propagandea una fachada de relación de lazos profundos con las organizaciones de derechos humanos y la amistad con Chávez y todos los gobiernos que dicen estar en contra de EE.UU. Es tan obvio que esos grupos de poder económico no fueron tocados durante el asunto del campo, no quisieron ser tocados por los que reciben sus favores, o por los que dependen directamente de ellos. En otras palabras, tanto en la Argentina como en la mayoría de los países "subdesarrollados" -y por qué no también en los altamente desarrollados- los que gobiernan son las altas cúpulas del poder económico, la élite -ya sea nacional o internacional-. Y todo el mundo sabe que ellas fijan las políticas, o al menos las "sugieren". Un ejemplo claro en la Argentina es la minería.

De acuerdo a Le Monde diplomatique de Agosto del 2008, la minería goza de privilegios energéticos y fiscales que traspasan todas las fronteras de la razón. Más allá de que los precios energéticos estén subvencionados, los costos que manejan en cuanto a su suministro de energía son mínimos o casi nulos. De hecho, para citar un ejemplo, en la provincia de San Juan -donde se desarrolla el emprendimiento minero de Pascua Lama- en la boleta de luz está especificado el ítem -el cual los contribuyentes deben pagar- llamado "Fondo para la línea de interconexión de 500Kv". Esta línea es también llamada "Línea Minera" y «es un tendido eléctrico de 500Kv que une varias provincias andinas y está esencialmente destinado a servir a los grandes proyectos mineros» (El Dipló, Agosto 2008, Pág. 8). Es obvio y casi enfurecedor el cómo los ciudadanos son los que pagan esta línea que sólo beneficia a grandes proyectos mineros de empresas internacionales y/o algunas nacionales y la élite que los dirige. Recordemos que Pascua Lama es un proyecto a cargo de la multinacional Barrick Gold.

Por otro lado, es conocido el veto a la ley de glaciares por parte de la presidenta argentina. Dicha ley -votada por unanimidad en el congreso- protegía los glaciares de las exploraciones y explotaciones petrolíferas y mineras. Ahora bien, según una nota del diario La Nación del 19 de septiembre del 2008, surgieron presiones del sector minero, en el cual está incluido José Luis Gioja, el Gobernador de San Juan. Y no es algo extraño que, como dice «el Dipló» las personas dedicadas a diseñar las políticas mineras sean las mismas que desde hace dos décadas... Sí desde la época de la "fiesta" menemista. En este punto, Gioja y sus hermanos se desempeñan tanto como funcionarios públicos como privados. El gobernador de San Juan es empresario minero y miembro de la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados y de la Comisión Parlamentaria Conjunta Argentino-Chilena (Pascua Lama está en la frontera y comprende territorio de ambos países). Otro de sus hermanos, César, preside la comisión de Minería, Energía y Combustibles de la Cámara de Senadores de la Nación, y a su vez es propietario de una empresa minera: Bentonitas Santa Gema, proveedora de los grandes proyectos del país, asegura Le Monde diplomatique. Es algo recurrente, de público conocimiento y casi una obviedad decirlo, pero esto demuestra que los grupos de poder que operan son siempre los mismos, y sus actividades públicas y privadas se confunden hasta el punto de no saber distinguir por cual están velando. Este es también el caso de Jorge Mayoral, otro sanjuanino y secretario de Minería de la Nación, que «actúa más como empresario que como funcionario». Junto a estos podrían citarse muchos ejemplos más, como el de Urquía, empresario aceitero y senador. No obstante, esto no sucede sólo en países “bananeros”: en 2003 EE.UU. invadió Irak. Dada la destrucción del país, se le encargó la reconstrucción a una empresa de la cual formaban parte George W. Bush y su vicepresidente Dick Cheney: Halliburton.

Pero, si esto es recurrente, una obviedad o algo de conocimiento público, que funcionarios de la Nación tengan también negocios empresariales, y cómo esos negocios afectan precisamente su desempeño en el cargo público, o se hacen eco en los altos mandos del Gobierno, truncando las políticas a su favor, entonces ¿por qué no los sacamos? ¿Por qué seguimos votando a la misma gente de siempre que se intercambia los puestos, que rota? Los grupos de poder son siempre los mismos, las mismas familias, los mismos amigos, los mismos partidos políticos. Algo maravilloso fue el "que se vayan todos", pero murió en tres meses. Se necesita un cambio radical, una nueva forma, algo que de vuelta la tierra. El terreno ya está agotado -tal vez lo está desde hace más de cincuenta años-. Los pactos, los tratados interpartidarios, las políticas de gobierno, la propaganda, ya nos causan repulsión. Pero seguimos caminando en línea, aceptando las cosas como son. Ese es el gran problema, aceptar las cosas como son y no vislumbrar nuevas formas. El miedo al cambio, a una nueva forma de pensar y de organizar la sociedad es el verdadero problema. Es por eso que los mismos grupos de poder siguen en su puesto, y son construcciones políticas de años de antigüedad. Por lo tanto, debemos ir al centro del problema: la sociedad.

La sociedad misma está encapsulada en una mentalidad que observa el cambio como algo riesgoso, la incertidumbre para ella es un gran problema. Pero la sociedad ha sido educada así, bajo el yugo del más extremo cientificismo decimonónico y el liberalismo económico y ha evolucionado con las décadas: en cuanto a ellos, el que yerra, simplemente debe perecer (ser excluido) por no ser "apto", y a eso se resume todo, en todas las esferas sociales. Por ende, como todos sabemos, la educación sólo reproduce el sistema. Pero entonces otra vez: la educación continúa siendo la misma, lo que significa entonces que nuestro conocimiento no es certeza, porque no lo consideramos en nuestras mentes como una verdad, sino como “algo que podría ser, pero mejor no arriesgarse a aplicarlos”. Avíseseles a los cientos de estudiosos, que pasan horas en escribir artículos de ciencias sociales, que sus artículos sólo sirven para llenar sus bocas en los congresos, las de sus colegas y profesores y las de cientos de miles de estudiantes que se enzarzan en la "carrera" del conocimiento («carrera»); que se les diga que sus estudios, por más repercusión que tengan en "la comunidad académica" («comunidad»), no son tenidos realmente en cuenta, porque no se los aplica por estupidez humana o por simple inutilidad de los mismos.

Por eso, más allá de la cantidad de estudios sociales que existan, no pueden llegar a la sociedad, a la mentalidad de la sociedad, porque existen barreras que lo impiden. Y las barreras pertenecen tanto al emisor como al receptor del mensaje. Tanto emisor como receptor no buscan el cambio, sólo la perpetuación del sistema que los contiene, donde lamentablemente ellos hallan su identidad... ¿de «clase»?

Rompamos entonces las barreras que nos mantienen contenidos en las mismas prácticas de siempre, que se han edificado y que mantienen el control de los mismos grupos de poder corruptos que velan por sus intereses económicos. Puesto que quienes los mantienen ahí, no somos más que nosotros, la sociedad toda. Empecemos a pensar de una vez por todas en que un cambio profundo es necesario: si el sistema está mal, hay que cambiarlo; si la educación está mal, hay que cambiarla; si los políticos son corruptos, saquémoslos. Y por último, si tenemos el conocimiento hagamos de él algo útil, no un conjunto de saberes que nos dan estatus dentro de una comunidad cuando abrimos la boca, o escribimos artículos o libros, porque si se trata de sólo eso, entonces el objeto de ese conocimiento es innecesario para la humanidad. Y ¿cuál es el objetivo del conocimiento? El objeto es el «desarrollo libre y responsable del individuo, de modo que pueda poner sus cualidades, libre y alegremente, al servicio de toda la humanidad» (Albert Einstein. New York. 1941. Simposio sobre ciencia, filosofía y religión). Es esta «cualidad humana» la olvidada, al parecer, en el desarrollo del conocimiento –léase educación-, ya que el cientificismo extremadamente racionalista se ha impuesto, y es este cientificismo el alma ideológica del sistema capitalista y la «sociedad de mercado», que se ha derramado sobre la sociedad y su mentalidad y por tanto, sus concepciones. Al mismo tiempo sirviéndose del miedo generado por la religión, del miedo al apercibimiento por la equivocación, y por ende la profesionalización es un medio para evitar la equivocación, ya que las equivocaciones, dentro de este sistema de «monetarismo», son contabilizadas como pérdidas de capital, un gran pecado. Y a eso se atañen, todas las esferas e instituciones sociales, tenidas como lo que es y alojadas en la mentalidad.

Por eso, el cambio comienza en la aceptación de las obligaciones humanas, que como seres humanos todos tenemos con todos. Y la libertad de cada persona, termina donde empieza la de la otra. Esa es la verdadera libertad. Y cambiar las cosas en ese rumbo, sin duda nos hará una sociedad mejor, más libre de las concepciones enraizadas deliberadamente por la educación “liberal”. Pero el cambio, debe surgir en la mente y traducirse en hechos. Porque de otra forma, sucederá como sucede con los estudios de intelectuales, sólo palabras en un fondo blanco de papel, lanzadas a los demás intelectuales, dentro de una comunidad hermética fascista de “conocimiento” sin utilidad práctica.



guisado de papas